Busca tus ancestros

1.- GENEALOGÍA


Gracias a los esfuerzos de las instituciones y de un buen número de ciudadanos particulares, expertos o aficionados a la genealogía o interesados en conocer sus orígenes y árboles genealógicos, cada día existe más información en la red sobre los nacimientos, bodas y defunciones de nuestros antepasados, remontándose a épocas tan remotas como el siglo XV.

Pero son varios los obstáculos con los que se encuentran los genealogistas a la hora de atar cabos sobre la vida de sus ancestros como, por ejemplo, el límite de los propios archivos dado que la primera legislación para crear un registro civil data de 1871. Hasta comienzos del siglo XX, no se activaron estos archivos por lo que, para recabar información más antigua, es necesario acudir a los archivos sacramentales -bautizos, matrimonios, muertes- de las parroquias. En Gipuzkoa, por ejemplo, los registros religiosos se iniciaron a finales del siglo XV, años antes de que el Concilio de Trento (1565) ordenara a los sacerdotes que abrieran este tipo de expedientes.

En lo que a la Comunidad Autónoma Vasca se refiere, una de las fuentes ineludibles es el programa Badator de Irargi , el Centro de Patrimonio Documental de Euskadi. Esta página ofrece acceso a los documentos de los archivos de las diócesis de Bilbao, Donostia y Gasteiz. Los archivos se remontan al siglo XVI, en algunos casos hasta el siglo XV, y cubren hasta 1871, año en que se creó el Registro Civil.

El genealogista siempre se puede encontrar con alguna sorpresa que dificulte su trabajo. Por ejemplo, si algún antepasado era expósito (hijo abandonado) es imposible seguir conociendo esa rama familiar. Pero el verdadero límite lo pone el tiempo que se disponga. Hay que ir necesariamente despacio porque puede toparse con alguna rama atascada o que, en algunos casos, no se conserven los archivos debido a incendios, guerras, saqueos, etc.


2.- ESCUDOS DE ARMAS.

Existe un falso mito muy extendido en la sabiduría popular que consiste en creer que los escudos corresponden a los apellidos, cuando en realidad no es así, sino sólo a algunas de sus ramas, casas o linajes, y en ocasiones sólo a alguno de sus miembros.

*Nota de Archivo General de Navarra sobre la reproducción de escudos:

“Los escudos de armas, como emblema externo de la nobleza o hidalguía, pertenecen legítimamente a los descendientes de las personas que los obtuvieron por sentencia de los antiguos Tribunales Reales, antes del año 1836.

Para conocer si a un particular le pertenece un escudo de armas, es necesario llevar a cabo un detenido estudio genealógico, a través de los libros sacramentales de las parroquias, hasta encontrar el personaje que en su día obtuvo la ejecutoria.

Todo lo que se aparte de esta vía, constituye una apropiación indebida de un escudo ajeno, ya que resulta obvio que no se puede acceder a la posesión y uso de un escudo mediante el sencillo trámite de una fotocopia”.

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