La identidad voluntariosa que tradicionalmente ha caracterizado al pueblo vasco ha hecho que, ante las contrariedades y los condicionantes adversos, sus gentes hayan optado por el camino del esfuerzo y el sacrificio que ha supuesto la emigración. Es en ese contexto en el que hay que situar la Diáspora Vasca, siempre entrelazada con los sucesivos hitos de su historia. El espíritu emprendedor, junto con las leyes de mayorazgo y los sucesivos conflictos a causa de los fueros e ideología nacionalista han impelido a los hombres y mujeres de Euskal Herria a buscar lejos aquello que no podían conseguir en su entorno más próximo.

El mito colectivo vasco se fundamenta en una historia que llega a remontarse a las poblaciones de las cavernas. Algunos expertos opinan que los vascos son descendientes directos de los autores de las pinturas de Lascaux y Santimamiñe, mientras que otros sitúan el origen de este pueblo en los Pirineos desde, aproximadamente, 5000 a 3000 A.C.
Incluso en esta interpretación conservadora, está establecido que los vascos habitaban los Pirineos mucho antes que las tribus indoeuropeas llegasen a Europa occidental en el segundo milenio A.C.