Los tiempos que le tocó vivir a Sabino Arana en su juventud fueron convulsos y dramáticos para la sociedad vasca. La derrota militar que consumó la abolición foral así como la industrialización y el proceso de aculturación, provocaron una crisis que sumió al País en un profundo abatimiento.
En este contexto, Sabino Arana, utilizando un lenguaje radical y contundente trató de despertar las adormecidas conciencias de los vascos. No eran tiempos para lo políticamente correcto, sino para una sacudida intelectual que estimulara a una Nación agonizante. A comienzos del siglo XX, Sabino Arana vaticinaba, respecto a la supervivencia de su Pueblo: 'cuando me pongo a pensar, comprendo claramente que esto se va, se va antes de que termine el siglo que acaba de empezar'.
Sabino Arana ideó los símbolos nacionales de los que toda Nación se dotaba en el período del resurgimiento de los nacionalismos en Europa. La noción de Euzkadi, la composición del himno y el diseño de una bandera propia conferían la dimensión nacional requerida.